miércoles, 6 de junio de 2012


¿Es Jesucristo el Hijo de Dios?
Una respuesta al concepto musulmán acerca de Jesús

Mientras más prepare a los miembros de su congregación para que comprendan la sana doctrina acerca de la Persona de Jesucristo, más los habrá preparado para responder con fidelidad a las preguntas que les planteen sus amigos musulmanes.

Por Joseph Cumming

Cuando usted habla sobre asuntos de fe con sus vecinos que no son creyentes, ¿a cuál de las creencias cristianas presentan más objeciones? ¿Al concepto bíblico del infierno? ¿A sus puntos de vista sobre el matrimonio homosexual? ¿A la inerrancia de las Escrituras? Para muchos de sus vecinos musulmanes, esas creencias cristianas no son ofensivas. De hecho, es posible que su vecino musulmán esté mayormente de acuerdo con usted en estos puntos. En cambio, la mayoría de ellos sí consideran profundamente ofensiva otra creencia que es central para la fe cristiana: la afirmación de que Jesucristo es el “Hijo de Dios”.
Durante los quince años que viví en una república islámica dentro del mundo árabe, y mis doce años adicionales en que he trabajado a diario con musulmanes en los Estados Unidos y en otros lugares del mundo, he descubierto que muchos musulmanes consideran que esta creencia cristiana es más ofensiva para ellos que ninguna otra. Si usted como pastor exhorta a su congregación a acercarse con amor a sus vecinos musulmanes, es necesario que los ayude a pensar detenidamente en la forma en que responderán ante las preocupaciones de los musulmanes con respecto a este título sagrado de nuestro Salvador.

¿PUNTOS EN COMÚN?
Antes de profundizar más en esta fuerte diferencia entre musulmanes y cristianos, recordemos que los cristianos sí tenemos algunos puntos importantes en común con los musulmanes en cuanto a la persona de Jesús. El Corán enseña que Jesús nació de una mujer virgen (Sura 19:20); que es un profeta (Sura 2:136); que se encuentra entre los que se hallan más cerca de Dios (3:45); que enseñó un mensaje de bondad y de compasión (57:27); que sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos por el poder de Dios (3:49); que alimentó milagrosamente a los hambrientos (5:112ss.); que está vivo ahora en el cielo (3:55), y que regresará al final de los tiempos (43:61). Aunque parezca asombroso, el Corán afirma que Jesús es el Mesías y la Palabra de Dios (3:45 y 4:171), aunque la mayoría de los musulmanes no comprenden estos títulos de la manera en que los entendemos los cristianos. Los musulmanes sienten reverencia por Jesús. La mayoría de ellos no dicen su nombre sin añadir de inmediato: “La paz sea sobre Él”, lo cual en árabe no significa necesariamente que Él tenga necesidad de paz, sino más bien que lo saludamos con respeto.
Sin embargo, al mismo tiempo, la mayor parte de los musulmanes tienen una fuerte opinión de que Jesús no murió en una cruz. Creen que no resucitó de entre los muertos, ni que expió el pecado de los seres humanos, y consideran que no se le debe adorar como a Dios. En general, los musulmanes creen que el Dios de Abraham no es uno y trino, y que no se ha encarnado en medio de nosotros. Aunque creen que el Nuevo Testamento, la Torá, y los Salmos son la Palabra inerrante de Dios en los manuscritos originales, la mayoría de ellos creen que se ha alterado tan extensamente el texto original, que la Biblia que tenemos hoy no es fiable. No obstante, es frecuente que tengan la convicción de que es profundamente ofensivo referirse a Jesús como el Hijo de Dios.
Aquí no hay cuestiones marginales. Si quitamos la Trinidad, la Encarnación, la Cruz, y la Biblia de la fe cristiana, habremos quitado virtualmente todo lo que los cristianos consideramos necesario para la salvación. En otros artículos1 he sugerido cómo tratar algunas de estas otras cuestiones. Aquí me voy a centrar en ayudarlo a preparar a su congregación para que responda de manera constructiva a la objeción de los musulmanes en cuanto al uso del título “Hijo de Dios”.

LA IMPORTANCIA DEL CONTEXTO
La mayor parte de las conversaciones entre musulmanes y cristianos sobre este tema se producen dentro de un contexto de polémica. Registre la blogosfera y descubrirá musulmanes y cristianos diciéndose cosas desagradables unos a otros acerca de la doctrina sobre Cristo como el Hijo de Dios. El problema en esto es que es muy posible ganar una discusión al mismo tiempo que se pierde un amigo… y se aleja de Jesús a ese amigo.
En Mateo 18:15, Jesús nos recuerda que cuando estamos en desacuerdo con un amigo, la meta de nuestra conversación deber ser “ganar” a nuestro hermano, y no simplemente ganar la confrontación. Si usted le facilita a su congregación una poderosa apologética destinada a demostrar que Jesús es el Hijo divino de Dios, pero la congregación no sabe de qué manera comunicar ese mensaje en amor, no la habrá sabido preparar.
Lo primero que debemos hacer es acercarnos con una amistad sencilla y cálida a nuestros vecinos musulmanes. Con esto no quiero decir que la expresión verbal de nuestra fe no tenga importancia crítica, sino sólo que esta expresión se debe producir dentro de un contexto de amistad, afecto, y confianza y respeto mutuos. Los cristianos no deberíamos sentir temor alguno si surgen oportunidades de conversar acerca de nuestra fe. A diferencia de la mayoría de los inconversos norteamericanos, a muchos musulmanes les encanta hablar de cuestiones religiosas con sus amigos cristianos. Por supuesto, para que la amistad sea genuina, la debemos ver como valiosa en sí misma, no como un simple medio para llegar a un fin.
La clave más importante en las relaciones con los amigos musulmanes está en dar y recibir hospitalidad. Si un amigo musulmán va de visita a su casa, recuerde siempre ofrecerle algo de comer o de beber. Invítelo juntamente con su familia a comer, y acepte invitaciones a comer con ellos. Asegúrese de invitar a musulmanes de su mismo sexo, o si no, incluir en la invitación a su cónyuge o a parientes del mismo sexo. Cuando lo invite a un musulmán, nunca debe servirle cerdo, jamón o panceta, y siga lo que indican las normas doctrinales de las Asambleas de Dios sobre la abstinencia de bebidas alcohólicas. Sería de ayuda que les asegurara a sus amigos musulmanes al invitarlos que no va a servir cerdo ni bebidas alcohólicas.
De acuerdo con mi experiencia, cuando hablo de la filiación divina de Cristo con un conocido musulmán dentro de un contexto de polémica y de desconfianza, ninguno de nosotros progresa en cuanto a ayudarnos mutuamente a comprender lo que creemos, y por qué es tan importante para nosotros. En cambio, cuando creamos unos lazos de amistad al comer juntos, y después hablamos respetuosamente acerca de lo que creemos, de repente somos capaces de comunicarnos de una manera significativa.

NO LO QUE NOSOTROS DECIMOS, SINO LO QUE ELLOS OYEN
Al hablar con musulmanes acerca de Jesús, debemos aprender lo que yo llamo “comunicación orientada al receptor”. No sólo debemos pensar en lo que queremos decir, sino también en lo que ellos están oyendo. Cuando los cristianos usamos la expresión “Hijo de Dios”, la mayoría de los musulmanes oyen algo muy distinto de lo que nosotros pensamos que hemos dicho, y de lo que afirma la Biblia. Para comprender esto de manera más profunda, veamos primero el Corán y después la Biblia, para ver qué dicen acerca de la expresión “Hijo de Dios”.
En las oraciones diarias de los musulmanes, se recitan breves pasajes del Corán. Muchos musulmanes recitan a diario el Sura 112, llamado Al–Ijlas (La fe pura), uno de los capítulos más breves del Corán: “Di: ‘¡Él es Alá, Uno, Dios, el Eterno. No ha engendrado, ni ha sido engendrado. No tiene par’”. Esto les recuerda a diario a los musulmanes devotos que Dios ni ha engendrado, ni ha sido engendrado.
Ahora bien, ¿qué significa el verbo árabe walada (“engendrar”)? Aunque es un término lingüísticamente relacionado con el verbo hebreo yalad (Salmo 2:7), en el mundo árabe tiene un significado más reducido, puesto que se refiere por lo general al acto literal y carnal de engendrar por medio de la unión sexual entre los dos sexos. Por supuesto, no es esto lo que enseña la Biblia acerca de Jesús, ni es tampoco lo que creemos los cristianos.
Este significado del verbo walada (y del nombre walad, relacionado con él: hijo o niño) se ve con claridad en otros pasajes en los cuales el Corán habla de la posibilidad de que Dios tenga hijos. El Sura 6:101 es uno de los numerosos versículos que dicen: “Creador de los cielos y de la tierra. ¿Cómo iba a tener un hijo (walad) si no tiene compañera?” Es interesante que cuando los cristianos árabes hablan acerca de Jesucristo como el Hijo de Dios, por lo general utilicen una palabra árabe diferente que también significa Hijo (Ibn) —cognada de la palabra hebrea ben—, que tiene una amplitud de significado mayor que walad.
Con esto no estamos diciendo que los cristianos árabes nunca utilicen el verbo walada en un sentido metafórico o no carnal. El Credo Niceno en árabe lo usa de esa manera. Pero cuando los musulmanes usan esta palabra, casi siempre la están tomando en un sentido carnal y literal. Como contraste, el Corán usa con frecuencia la palabra ibn en un sentido metafórico en la expresión “hijo del camino”, que define al viajero necesitado de hospitalidad.
Así que, cuando un cristiano dice: “Yo creo que Jesús es el Hijo de Dios”, es frecuente que el amigo musulmán del cristiano oiga esto: “Yo creo que Dios tuvo relaciones sexuales con María y produjo carnalmente un descendiente ilegítimo que es divino y humano”. Esto es tan repugnante para los musulmanes como lo es para los cristianos. No es de extrañarse que los musulmanes se ofendan al oír este título.

ENTONCES, ¿CAMBIAMOS LA TRADUCCIÓN?
Más del noventa y cinco por ciento del problema acerca del título de “Hijo de Dios” es un problema de mala comunicación, más que una objeción a la doctrina cristiana. En otras palabras, los amigos musulmanes están rechazando algo distinto a lo que están afirmando los cristianos.
Puesto que el significado literal de las palabras “Hijo de Dios” les comunica a los musulmanes algo tan radicalmente distinto de lo que afirma la Biblia, hay quienes han sugerido que cambiemos la forma en que traducimos las palabras “Hijo de Dios” del Nuevo Testamento (en griego, Huiós tou Zeoú). Sugieren que  hallemos, por medio del principio del equivalente dinámico, otras expresiones que comuniquen con mayor precisión lo que la Biblia quiere comunicar. Aunque esta proposición refleja principios de traducción que son tradicionales, no estoy de acuerdo con ella por dos razones.
En primer lugar, aún no he visto una metáfora alterna que comunique toda la gama de significados diversos, complejos y poderosos que reúnen las palabras “Padre” e “Hijo” en la Biblia (más adelante hallará un análisis de esos significados). En segundo lugar, las palabras “Hijo de Dios” son tan centrales en la Biblia y en la tradición teológica cristiana, que la mayoría de los musulmanes están muy conscientes de que se supone que estén en la Biblia. Si las reemplazamos por un equivalente dinámico, sólo pareceremos estar confirmando la preocupación de los musulmanes con respecto a que los cristianos nos sentimos en la libertad de alterar el texto bíblico cuando nos conviene. De esta manera, estaríamos socavando la credibilidad de la Biblia.
Pero antes de desechar con demasiada rapidez esta sugerencia, es importante que comprendamos el fuerte impacto emocional que la expresión “Hijo de Dios” tiene para muchos musulmanes. Los lingüistas nos dicen que la connotación emotiva de ciertas expresiones se halla tan profundamente grabada en nuestras secuencias de neuronas, que aunque le tratemos de aplicar un nuevo significado a una expresión, no la podremos separar de sus antiguas asociaciones emocionales. Incluso el creyente cristiano de origen musulmán que entendía lo que significan las palabras “Hijo de Dios”, y aceptaba ese significado, a veces tenía problemas con el uso de la frase. Los sentimientos que se asocian con la frase “Hijo de Dios” ­—desarrollado en la primera infancia— significa que inevitablemente piensan en el idea de un hijo ilegítimo de una unión sexual entre Dios y María.
“¿La sugerencia de que Jesús es ilegítimo os escandaliza? ¿Qué pasa con el idea de que Dios tuvo relaciones sexuales con María? Por supuesto, ¡este concepto ofende! Así es como muchos musulmanes se sienten, aun después que sus amigos cristianos les han tratado de aclarar lo que queremos decir y lo que no queremos decir cuando hablamos de Jesús como el “Hijo de Dios”.
Aun así, esto no es razón suficiente para cambiar la forma en que traducimos las Escrituras. Sin embargo, sí es razón suficiente para que seamos sumamente cuidadosos en cuanto a la forma en que usamos esta expresión ante nuestros amigos musulmanes. Es mejor establecer primero una cálida amistad, edificada sobre la confianza y el respeto mutuos, que usar esas palabras a la ligera o de manera descuidada. Y lo más importante de todo: nunca las use sin explicar enseguida lo que quieren decir y lo que no quieren decir para usted esas palabras.

¿QUÉ SIGNIFICA LA EXPRESIÓN “HIJO DE DIOS” EN LA BIBLIA?
La expresión “Hijo de Dios” tiene significados diferentes en distintos contextos dentro de la Biblia. El primer sentido, que muchos eruditos bíblicos ven como su significado más frecuente en los Evangelios, es sencillamente un título mesiánico, equivalente de manera aproximada a “Mesías”, “Hijo de David”, o “Rey de Israel”. Mateo 26:63; Juan 1:49; 11:27; y 20:31 son ejemplos de esto. El origen de esta expresión como título mesiánico procede de 2 Samuel 7 y otros pasajes paralelos en 1 Crónicas 17 y 22. David quería edificar un templo para el Señor, pero Dios le prometió que haría surgir un descendiente suyo que edificaría un templo eterno, y cuyo trono Él dejaría establecido para siempre. Dios dice acerca de este futuro gobernante mesiánico: “Yo le seré por padre, y él me será por hijo; y no quitaré de él mi misericordia” (1 Crónicas 17:13).
Hasta este punto, la mayoría de los musulmanes no estarían en desacuerdo. En estos pasajes, el título de “Hijo de Dios” no forzosamente podría implicar una categoría divina (pero vea el Salmo 45:6). Se refiere simplemente al gobernante mesiánico prometido que tiene una relación especial de amor con Dios. En ningún sentido implica el que haya sido engendrado de manera carnal y literal. Pero en otros pasajes bíblicos, “Hijo de Dios” (o el plural “hijos de Dios”) tiene otros significados.
Hay un segundo sentido en el cual se usa este título, y se encuentra en Juan 1:12,13, uno de los numerosos pasajes de la Biblia que se refieren a los que han creído en Jesús, llamándolos “hijos de Dios”. Es claro que esto no se refiere al haber sido engendrados de una manera carnal literal; de hecho, el versículo 13 rechaza de manera explícita la idea de un engendramiento de tipo sexual. Se refiere más bien aquí a una relación metafórica y espiritual de amor.
Encontramos un tercer sentido en Hechos 17:28,29, donde se dice que todos los seres humanos son en cierto sentido “linaje” de Dios (obviamente, aquí hay un significado diferente al de Juan 1:12). Y Lucas 3:38, al mencionar a Adán, lo llama “hijo de Dios”. Una vez más, está claro que el texto no se está refiriendo a ninguna clase de engendramiento carnal literal.
Aunque la mayoría de los musulmanes no estarían dispuestos a usar la expresión “hijos de Dios” para referirse a los creyentes en general, o a todos los seres humanos, sé por experiencia que en un contexto de amistad sin polémicas, la mayoría de ellos están de acuerdo (con algunas reservas) en que no les parece ofensivo este sentido del título. De hecho, en algunas ocasiones, he oído a líderes y eruditos musulmanes usando el término “hijos de Dios” para referirse a los que creen en el Dios de Abraham, o a los seres humanos en general. De manera similar, la mayoría de los musulmanes no estarían dispuestos a decir que Dios es nuestro “Padre” en  este sentido, pero no forzosamente les parece ofensivo. En pocas ocasiones, he oído a líderes y eruditos musulmanes afirmar (con algunas reservas) que Dios es nuestro Padre, en el sentido de que es un amoroso Proveedor que cuida de nosotros, nos disciplina, nos enseña, y se deleita en nosotros.

¿DIOS HIJO?
Existe un cuarto sentido críticamente importante en el cual la Biblia usa la expresión “Hijo de Dios”, especialmente en varios pasajes del Evangelio según Juan. Aquí la expresión es más o menos equivalente al “Verbo de Dios”, que es la autoexpresión de Dios, y la manifestación visible del Dios invisible.
Juan 1 dice que el Verbo de Dios estaba eternamente con Dios, y es Dios, y que por medio del Verbo de Dios, todas las cosas fueron creadas, y que este Verbo se manifestó en Jesucristo, y que nosotros hemos visto su gloria. En el versículo 18 añade (aunque el texto griego en esta ocasión está abierto a otras traducciones): “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Después, Juan usa el término “Hijo” en este sentido en varios pasajes.
En Juan 5:18–26, Jesús dice que todos deberían honrar “al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió”. Este pasaje también parece afirmar que al hablar acerca de su relación con Dios de esta manera, Jesús estaba “haciéndose igual [o idéntico] a Dios”  En Juan 10:30, Jesús dice: “Yo y el Padre uno somos”. Y en Juan 14:9, dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.
Textos bíblicos como los anteriores fueron los que iniciaron un proceso de siglos de reflexión teológica sobre la relación entre el Verbo/Hijo y Dios Padre, a la luz de la firme afirmación de la Biblia en cuanto a que Dios es Uno. Esto llevó a la articulación de lo que hoy llamamos la doctrina de la divina Trinidad. Hoy en día, muchos cristianos, cuando usan la expresión “Hijo de Dios” en realidad están hablando de “Dios Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad”. Es importante recordar que la Biblia no usa estas palabras exactamente en ese sentido. Esta manera de usarlas refleja las maduras formulaciones teológicas de siglos posteriores. Sin embargo, es igualmente importante recordar que la Biblia sí usa esta expresión de maneras que conducen de forma inevitable a una comprensión de Dios como Uno y Trino.
Aunque el Corán dice de Jesús que es la Palabra de Dios, la mayoría de los musulmanes no entienden ese título de la manera en que lo entiende la Biblia. Pero incluso en este punto, está claro que el término bíblico “Hijo” no se está refiriendo a un engendramiento literal y carnal. Está describiendo una relación espiritual eterna y exclusiva entre Jesús y Dios. La objeción de los musulmanes aquí no es con respecto al término “Hijo” en sí, sino con respecto a la idea de que Dios se manifestó en carne humana, y que Jesucristo es esa manifestación.
En este tema, podemos tener una conversación más constructiva si pensamos en la relación entre la Palabra de Dios y el propio Ser de Dios. La tradición teológica islámica tiene una rica herencia de vigorosos debates acerca de la relación entre la Palabra de Dios y su Esencia. El Corán, al igual que la Biblia, enseña que todas las cosas fueron creadas por la Palabra de Dios, cuando Dios les habló para decirles: “¡Sé!” (por ejemplo, en el Sura 16:40). La comunidad mayoritaria suní llegó así a la conclusión de que la Palabra de Dios en ella misma es eterna y no fue creada. También llegaron a la conclusión de que la Palabra de Dios no es idéntica a la Esencia de Dios, ni es algo distinto de Dios, sino que la Palabra de Dios eterna, que no ha sido creada, subsiste en la Esencia de Dios. Algunos teólogos suníes llegaron también a la conclusión de que, puesto que la Palabra de Dios se manifiesta en el Santo Corán, la consecuencia es que el Corán es al mismo tiempo la cualidad eterna y no creada del habla de Dios, y también la expresión temporal de esa Palabra eterna.
Existen algunas diferencias importantes entre esta doctrina y la comprensión mayoritaria de los cristianos en cuanto a las dos naturalezas de Cristo: la divina (no creada) y la humana (creada), y en cuanto a la relación de la Palabra divina, el Logos, con el Padre. No estoy proponiendo que les restemos importancia a estas diferencias, ni que las pasemos por alto. Pero hay suficientes similitudes para que esto pueda servir como un puente para la comprensión, de manera que cuando los cristianos expliquen lo que ellos creen, los musulmanes puedan comprender con precisión lo que sus amigos cristianos han querido decir, tanto si están de acuerdo, como si no lo están.

HEREJÍAS INVOLUNTARIAS
Lamentablemente, muchos cristianos se hallan mal informados acerca de su propia fe. Cuando se la tratan de explicar a un amigo musulmán, expresan sin quererlo puntos de vista que la Iglesia ha entendido históricamente como heréticos.
Por ejemplo, el Corán afirma que Jesús fue creado del polvo, como lo fue Adán (por ejemplo, el Sura 3:59). A modo de respuesta, algunos cristianos afirman tenazmente que Jesús no es en ningún sentido un ser humano creado. Sin embargo, la doctrina cristiana tradicional sostiene que Jesús tiene dos naturalezas —la divina y la humana—, unidas en una sola Persona. Su naturaleza divina (la Palabra o Verbo/Logos) no fue creada (Juan 1:1). En cambio, su naturaleza humana es igual a la nuestra en todos sus aspectos, menos en el pecado (Hebreos 2:17; 4:15), creada del polvo y temporal igual que nosotros. La negación de la plena humanidad de Jesús recibe de manera convencional el título de “la herejía docetista”.
Otros cristianos, cuando hablan con sus amigos musulmanes, caen en lo que se conoce como “la herejía apolinariana”, la creencia en que el alma de Jesús era divina, y sólo estaba revestida por un cuerpo humano. El problema con esto es que si Jesús no tuvo un alma plenamente humana, entonces no era igual a nosotros en todo sentido, ni tampoco pudo ser tentado como nosotros, aunque no haya pecado.
También hay cristianos que, en un intento por ser comprensivos con sus amigos musulmanes, insisten con tanta fuerza en la separación entre lo humano y lo divino en Cristo, que describen a Jesús simplemente como un ser humano en el cual habitaba Dios. A esto se le suele llamar “la herejía nestoriana” (aunque el Nestorio de la historia sostenía un punto de vista con otros matices).
Hablar con amigos musulmanes es algo que muy probablemente pondrá a prueba lo bien que su congregación comprende su propia fe acerca de la Persona de Cristo. Los cuatro errores más corrientes en los cuales caen sin quererlo los cristianos laicos (y algunos pastores) son los siguientes: 1) olvidar que Cristo en su naturaleza divina como Logos, es plenamente Dios; 2) olvidar que en su plena naturaleza humana, Cristo es igual a nosotros en cuanto a esencia; 3) olvidar que estas dos naturalezas se hallan indisolublemente unidas en una sola Persona; y 4) olvidar que esa unión no hace desaparecer la distinción entre sus dos naturalezas.

CONCLUSIÓN
En su responsabilidad de pastor, mientras más usted prepare a su congregación para que comprenda una sana doctrina acerca de la Persona de Cristo, más la habrá preparado para responder fielmente a las preguntas que susciten sus amigos musulmanes. Y, al hacerlo, también los habrá preparado a un nivel más profundo para la misma vida de fe, puesto que nuestra salvación depende de la Persona de Cristo. Muchos pensadores cristianos han señalado a lo largo de los siglos lo que sigue: “Si Cristo no fuera Dios, no nos podría salvar, porque sólo Dios nos puede salvar. Pero si Cristo no fuera humano, no nos podría salvar a nosotros, porque sólo alguien que sea como nosotros en todo sentido, menos en el del pecado, nos puede representar como nuestro Sumo sacerdote, ofreciéndose a sí mismo en expiación por nuestros pecados”. La salvación de la raza humana depende del hecho de que Jesucristo es plenamente divino, al mismo tiempo que plenamente humano, y que estas dos naturalezas se hallan unidas, aunque distintas, en una Persona: el Hijo de Dios.

JOSEPH CUMMING es ministro de las Asambleas de Dios que vivió quince años en el norte de África. Ocupa el puesto de director del programa de reconciliación en el Center for Faith and culture [Centro para fe y cultura] de la Universidad de Yale.www.josephcumming.com

NOTAS
1. Yale Center for Faith and Culture.  http://yale.edu/faith/rc/rc-rp.htm. Consultado el 25 de octubre de 2011.
PREGUNTAS PARA ESTUDIO:
1. ¿Cómo ve usted el contexto social en el que musulmanes y cristianos hablan acerca de este tema?
2. ¿Qué creencias acerca de Jesús tenemos en común los musulmanes y los cristianos?
3. ¿Qué significan las palabras “Hijo de Dios” para los musulmanes, y cómo lo hace sentir el saberlo?
4. ¿Qué quiere decir la Biblia cuando habla del “Hijo de Dios”?
5. ¿Cómo podría usted conversar sobre estas cuestiones con un amigo musulmán?

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