¿Es Jesucristo el Hijo de Dios?
Una
respuesta al concepto musulmán acerca de Jesús
Mientras más prepare a los
miembros de su congregación para que comprendan la sana doctrina acerca de la
Persona de Jesucristo, más los habrá preparado para responder con fidelidad a
las preguntas que les planteen sus amigos musulmanes.
Por
Joseph Cumming
Cuando usted habla sobre asuntos de fe
con sus vecinos que no son creyentes, ¿a cuál de las creencias cristianas
presentan más objeciones? ¿Al concepto bíblico del infierno? ¿A sus puntos de
vista sobre el matrimonio homosexual? ¿A la inerrancia de las Escrituras? Para
muchos de sus vecinos musulmanes, esas creencias cristianas no son ofensivas.
De hecho, es posible que su vecino musulmán esté mayormente de acuerdo con usted
en estos puntos. En cambio, la mayoría de ellos sí consideran profundamente
ofensiva otra creencia que es central para la fe cristiana: la afirmación de
que Jesucristo es el “Hijo de Dios”.
Durante los quince años que viví en una
república islámica dentro del mundo árabe, y mis doce años adicionales en que
he trabajado a diario con musulmanes en los Estados Unidos y en otros lugares
del mundo, he descubierto que muchos musulmanes consideran que esta creencia
cristiana es más ofensiva para ellos que ninguna otra. Si usted como pastor
exhorta a su congregación a acercarse con amor a sus vecinos musulmanes, es
necesario que los ayude a pensar detenidamente en la forma en que responderán
ante las preocupaciones de los musulmanes con respecto a este título sagrado de
nuestro Salvador.
¿PUNTOS EN COMÚN?
Antes de profundizar más en esta fuerte
diferencia entre musulmanes y cristianos, recordemos que los cristianos sí
tenemos algunos puntos importantes en común con los musulmanes en cuanto a la
persona de Jesús. El Corán enseña que Jesús nació de una mujer virgen (Sura
19:20); que es un profeta (Sura 2:136); que se encuentra entre los que se
hallan más cerca de Dios (3:45); que enseñó un mensaje de bondad y de compasión
(57:27); que sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos por el poder de
Dios (3:49); que alimentó milagrosamente a los hambrientos (5:112ss.); que está
vivo ahora en el cielo (3:55), y que regresará al final de los tiempos (43:61).
Aunque parezca asombroso, el Corán afirma que Jesús es el Mesías y la Palabra
de Dios (3:45 y 4:171), aunque la mayoría de los musulmanes no comprenden estos
títulos de la manera en que los entendemos los cristianos. Los musulmanes
sienten reverencia por Jesús. La mayoría de ellos no dicen su nombre sin añadir
de inmediato: “La paz sea sobre Él”, lo cual en árabe no significa
necesariamente que Él tenga necesidad de paz, sino más bien que lo saludamos
con respeto.
Sin embargo, al mismo tiempo, la mayor
parte de los musulmanes tienen una fuerte opinión de que Jesús no murió en una
cruz. Creen que no resucitó de entre los muertos, ni que expió el pecado de los
seres humanos, y consideran que no se le debe adorar como a Dios. En general,
los musulmanes creen que el Dios de Abraham no es uno y trino, y que no se ha
encarnado en medio de nosotros. Aunque creen que el Nuevo Testamento, la Torá,
y los Salmos son la Palabra inerrante de Dios en los manuscritos originales, la
mayoría de ellos creen que se ha alterado tan extensamente el texto original,
que la Biblia que tenemos hoy no es fiable. No obstante, es frecuente que
tengan la convicción de que es profundamente ofensivo referirse a Jesús como el
Hijo de Dios.
Aquí no hay cuestiones marginales. Si
quitamos la Trinidad, la Encarnación, la Cruz, y la Biblia de la fe cristiana,
habremos quitado virtualmente todo lo que los cristianos consideramos necesario
para la salvación. En otros artículos1 he sugerido cómo tratar algunas de estas
otras cuestiones. Aquí me voy a centrar en ayudarlo a preparar a su
congregación para que responda de manera constructiva a la objeción de los
musulmanes en cuanto al uso del título “Hijo de Dios”.
LA IMPORTANCIA DEL
CONTEXTO
La mayor parte de las conversaciones
entre musulmanes y cristianos sobre este tema se producen dentro de un contexto
de polémica. Registre la blogosfera y descubrirá musulmanes y cristianos
diciéndose cosas desagradables unos a otros acerca de la doctrina sobre Cristo
como el Hijo de Dios. El problema en esto es que es muy posible ganar una
discusión al mismo tiempo que se pierde un amigo… y se aleja de Jesús a ese
amigo.
En Mateo 18:15, Jesús nos recuerda que
cuando estamos en desacuerdo con un amigo, la meta de nuestra conversación
deber ser “ganar” a nuestro hermano, y no simplemente ganar la confrontación.
Si usted le facilita a su congregación una poderosa apologética destinada a
demostrar que Jesús es el Hijo divino de Dios, pero la congregación no sabe de
qué manera comunicar ese mensaje en amor, no la habrá sabido preparar.
Lo primero que debemos hacer es
acercarnos con una amistad sencilla y cálida a nuestros vecinos musulmanes. Con
esto no quiero decir que la expresión verbal de nuestra fe no tenga importancia
crítica, sino sólo que esta expresión se debe producir dentro de un contexto de
amistad, afecto, y confianza y respeto mutuos. Los cristianos no deberíamos
sentir temor alguno si surgen oportunidades de conversar acerca de nuestra fe.
A diferencia de la mayoría de los inconversos norteamericanos, a muchos
musulmanes les encanta hablar de cuestiones religiosas con sus amigos
cristianos. Por supuesto, para que la amistad sea genuina, la debemos ver como
valiosa en sí misma, no como un simple medio para llegar a un fin.
La clave más importante en las
relaciones con los amigos musulmanes está en dar y recibir hospitalidad. Si un
amigo musulmán va de visita a su casa, recuerde siempre ofrecerle
algo de comer o de beber. Invítelo juntamente con su familia a comer, y acepte
invitaciones a comer con ellos. Asegúrese de invitar a musulmanes de su mismo
sexo, o si no, incluir en la invitación a su cónyuge o a parientes del mismo
sexo. Cuando lo invite a un musulmán, nunca debe servirle cerdo, jamón o
panceta, y siga lo que indican las normas doctrinales de las Asambleas de Dios
sobre la abstinencia de bebidas alcohólicas. Sería de ayuda que les asegurara a
sus amigos musulmanes al invitarlos que no va a servir cerdo ni bebidas
alcohólicas.
De acuerdo con mi experiencia, cuando
hablo de la filiación divina de Cristo con un conocido musulmán dentro de un
contexto de polémica y de desconfianza, ninguno de nosotros progresa en cuanto
a ayudarnos mutuamente a comprender lo que creemos, y por qué es tan importante
para nosotros. En cambio, cuando creamos unos lazos de amistad al comer juntos,
y después hablamos respetuosamente acerca de lo que creemos, de repente somos
capaces de comunicarnos de una manera significativa.
NO LO QUE NOSOTROS
DECIMOS, SINO LO QUE ELLOS OYEN
Al hablar con musulmanes acerca de
Jesús, debemos aprender lo que yo llamo “comunicación orientada al receptor”.
No sólo debemos pensar en lo que queremos decir, sino también en lo que ellos
están oyendo. Cuando los cristianos usamos la expresión “Hijo de Dios”, la
mayoría de los musulmanes oyen algo muy distinto de lo que nosotros pensamos
que hemos dicho, y de lo que afirma la Biblia. Para comprender esto de manera
más profunda, veamos primero el Corán y después la Biblia, para ver qué dicen
acerca de la expresión “Hijo de Dios”.
En las oraciones diarias de los
musulmanes, se recitan breves pasajes del Corán. Muchos musulmanes recitan a
diario el Sura 112, llamado Al–Ijlas (La fe pura), uno de los capítulos más
breves del Corán: “Di: ‘¡Él es Alá, Uno, Dios, el Eterno. No
ha engendrado, ni ha sido engendrado. No tiene par’”. Esto les
recuerda a diario a los musulmanes devotos que Dios ni ha engendrado, ni ha
sido engendrado.
Ahora bien, ¿qué significa el verbo
árabe walada (“engendrar”)? Aunque es un término
lingüísticamente relacionado con el verbo hebreo yalad (Salmo
2:7), en el mundo árabe tiene un significado más reducido, puesto que se
refiere por lo general al acto literal y carnal de engendrar por medio de la
unión sexual entre los dos sexos. Por supuesto, no es esto lo que enseña la
Biblia acerca de Jesús, ni es tampoco lo que creemos los cristianos.
Este significado del verbo walada (y
del nombre walad, relacionado con él: hijo o niño)
se ve con claridad en otros pasajes en los cuales el Corán habla de la
posibilidad de que Dios tenga hijos. El Sura 6:101 es uno de los numerosos
versículos que dicen: “Creador de los cielos y de la tierra. ¿Cómo iba a tener
un hijo (walad) si no tiene compañera?” Es interesante que cuando los
cristianos árabes hablan acerca de Jesucristo como el Hijo de Dios, por lo
general utilicen una palabra árabe diferente que también significa Hijo (Ibn)
—cognada de la palabra hebrea ben—, que tiene una amplitud de
significado mayor que walad.
Con esto no estamos diciendo que los
cristianos árabes nunca utilicen el verbo walada en un sentido
metafórico o no carnal. El Credo Niceno en árabe lo usa de esa manera. Pero
cuando los musulmanes usan esta palabra, casi siempre la están tomando en un
sentido carnal y literal. Como contraste, el Corán usa con frecuencia la
palabra ibn en un sentido metafórico en la expresión “hijo del
camino”, que define al viajero necesitado de hospitalidad.
Así que, cuando un cristiano dice: “Yo
creo que Jesús es el Hijo de Dios”, es frecuente que el amigo musulmán del
cristiano oiga esto: “Yo creo que Dios tuvo relaciones sexuales con María y
produjo carnalmente un descendiente ilegítimo que es divino y humano”. Esto es
tan repugnante para los musulmanes como lo es para los cristianos. No es de
extrañarse que los musulmanes se ofendan al oír este título.
ENTONCES, ¿CAMBIAMOS LA
TRADUCCIÓN?
Más del noventa y cinco por ciento del
problema acerca del título de “Hijo de Dios” es un problema de mala
comunicación, más que una objeción a la doctrina cristiana. En otras palabras,
los amigos musulmanes están rechazando algo distinto a lo que están afirmando
los cristianos.
Puesto que el significado literal de
las palabras “Hijo de Dios” les comunica a los musulmanes algo tan radicalmente
distinto de lo que afirma la Biblia, hay quienes han sugerido que cambiemos la
forma en que traducimos las palabras “Hijo de Dios” del Nuevo Testamento (en
griego, Huiós tou Zeoú). Sugieren que hallemos, por medio del
principio del equivalente dinámico, otras expresiones que comuniquen con mayor
precisión lo que la Biblia quiere comunicar. Aunque esta proposición refleja
principios de traducción que son tradicionales, no estoy de acuerdo con ella
por dos razones.
En primer lugar, aún no he visto una
metáfora alterna que comunique toda la gama de significados diversos, complejos
y poderosos que reúnen las palabras “Padre” e “Hijo” en la Biblia (más adelante
hallará un análisis de esos significados). En segundo lugar, las palabras “Hijo
de Dios” son tan centrales en la Biblia y en la tradición teológica cristiana,
que la mayoría de los musulmanes están muy conscientes de que se supone que
estén en la Biblia. Si las reemplazamos por un equivalente dinámico, sólo
pareceremos estar confirmando la preocupación de los musulmanes con respecto a
que los cristianos nos sentimos en la libertad de alterar el texto bíblico
cuando nos conviene. De esta manera, estaríamos socavando la credibilidad de la
Biblia.
Pero antes de desechar con demasiada
rapidez esta sugerencia, es importante que comprendamos el fuerte impacto
emocional que la expresión “Hijo de Dios” tiene para muchos musulmanes. Los
lingüistas nos dicen que la connotación emotiva de ciertas expresiones se halla
tan profundamente grabada en nuestras secuencias de neuronas, que aunque le
tratemos de aplicar un nuevo significado a una expresión, no la podremos
separar de sus antiguas asociaciones emocionales. Incluso el creyente cristiano
de origen musulmán que entendía lo que significan las palabras “Hijo de Dios”,
y aceptaba ese significado, a veces tenía problemas con el uso de la frase. Los
sentimientos que se asocian con la frase “Hijo de Dios” —desarrollado en la
primera infancia— significa que inevitablemente piensan en el idea de un hijo
ilegítimo de una unión sexual entre Dios y María.
“¿La sugerencia de que Jesús es
ilegítimo os escandaliza? ¿Qué pasa con el idea de que Dios tuvo relaciones
sexuales con María? Por supuesto, ¡este concepto ofende! Así es como muchos
musulmanes se sienten, aun después que sus amigos cristianos les han tratado de
aclarar lo que queremos decir y lo que no queremos decir cuando hablamos de
Jesús como el “Hijo de Dios”.
Aun así, esto no es razón suficiente
para cambiar la forma en que traducimos las Escrituras. Sin embargo, sí es
razón suficiente para que seamos sumamente cuidadosos en cuanto a la forma en
que usamos esta expresión ante nuestros amigos musulmanes. Es mejor establecer
primero una cálida amistad, edificada sobre la confianza y el respeto mutuos,
que usar esas palabras a la ligera o de manera descuidada. Y lo más importante
de todo: nunca las use sin explicar enseguida lo que quieren decir y lo que no
quieren decir para usted esas palabras.
¿QUÉ SIGNIFICA LA
EXPRESIÓN “HIJO DE DIOS” EN LA BIBLIA?
La expresión “Hijo de Dios” tiene
significados diferentes en distintos contextos dentro de la Biblia. El primer
sentido, que muchos eruditos bíblicos ven como su significado más frecuente en
los Evangelios, es sencillamente un título mesiánico, equivalente de manera
aproximada a “Mesías”, “Hijo de David”, o “Rey de Israel”. Mateo 26:63; Juan
1:49; 11:27; y 20:31 son ejemplos de esto. El origen de esta expresión como
título mesiánico procede de 2 Samuel 7 y otros pasajes paralelos en 1 Crónicas
17 y 22. David quería edificar un templo para el Señor, pero Dios le prometió
que haría surgir un descendiente suyo que edificaría un templo eterno, y cuyo
trono Él dejaría establecido para siempre. Dios dice acerca de este futuro
gobernante mesiánico: “Yo le seré por padre, y él me será por hijo; y no
quitaré de él mi misericordia” (1 Crónicas 17:13).
Hasta este punto, la mayoría de los
musulmanes no estarían en desacuerdo. En estos pasajes, el título de “Hijo de
Dios” no forzosamente podría implicar una categoría divina (pero vea el Salmo
45:6). Se refiere simplemente al gobernante mesiánico prometido que tiene una
relación especial de amor con Dios. En ningún sentido implica el que haya sido
engendrado de manera carnal y literal. Pero en otros pasajes bíblicos, “Hijo de
Dios” (o el plural “hijos de Dios”) tiene otros significados.
Hay un segundo sentido en el cual se
usa este título, y se encuentra en Juan 1:12,13, uno de los numerosos pasajes
de la Biblia que se refieren a los que han creído en Jesús, llamándolos “hijos
de Dios”. Es claro que esto no se refiere al haber sido engendrados de una
manera carnal literal; de hecho, el versículo 13 rechaza de manera explícita la
idea de un engendramiento de tipo sexual. Se refiere más bien aquí a una
relación metafórica y espiritual de amor.
Encontramos un tercer sentido en Hechos
17:28,29, donde se dice que todos los seres humanos son en cierto sentido
“linaje” de Dios (obviamente, aquí hay un significado diferente al de Juan
1:12). Y Lucas 3:38, al mencionar a Adán, lo llama “hijo de Dios”. Una vez más,
está claro que el texto no se está refiriendo a ninguna clase de engendramiento
carnal literal.
Aunque la mayoría de los musulmanes no
estarían dispuestos a usar la expresión “hijos de Dios” para referirse a los
creyentes en general, o a todos los seres humanos, sé por experiencia que en un
contexto de amistad sin polémicas, la mayoría de ellos están de acuerdo (con
algunas reservas) en que no les parece ofensivo este sentido del título. De
hecho, en algunas ocasiones, he oído a líderes y eruditos musulmanes usando el
término “hijos de Dios” para referirse a los que creen en el Dios de Abraham, o
a los seres humanos en general. De manera similar, la mayoría de los musulmanes
no estarían dispuestos a decir que Dios es nuestro “Padre” en este
sentido, pero no forzosamente les parece ofensivo. En pocas ocasiones, he oído
a líderes y eruditos musulmanes afirmar (con algunas reservas) que Dios es nuestro
Padre, en el sentido de que es un amoroso Proveedor que cuida de nosotros, nos
disciplina, nos enseña, y se deleita en nosotros.
¿DIOS HIJO?
Existe un cuarto sentido críticamente
importante en el cual la Biblia usa la expresión “Hijo de Dios”, especialmente
en varios pasajes del Evangelio según Juan. Aquí la expresión es más o menos
equivalente al “Verbo de Dios”, que es la autoexpresión de Dios, y la
manifestación visible del Dios invisible.
Juan 1 dice que el Verbo de Dios estaba
eternamente con Dios, y es Dios, y que por medio del Verbo de Dios, todas las
cosas fueron creadas, y que este Verbo se manifestó en Jesucristo, y que
nosotros hemos visto su gloria. En el versículo 18 añade (aunque el texto
griego en esta ocasión está abierto a otras traducciones): “A Dios nadie le vio
jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a
conocer”. Después, Juan usa el término “Hijo” en este sentido en varios
pasajes.
En Juan 5:18–26, Jesús dice que todos
deberían honrar “al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no
honra al Padre que le envió”. Este pasaje también parece afirmar que al hablar
acerca de su relación con Dios de esta manera, Jesús estaba “haciéndose igual
[o idéntico] a Dios” En Juan 10:30, Jesús dice: “Yo y el Padre uno
somos”. Y en Juan 14:9, dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.
Textos bíblicos como los anteriores
fueron los que iniciaron un proceso de siglos de reflexión teológica sobre la
relación entre el Verbo/Hijo y Dios Padre, a la luz de la firme afirmación de
la Biblia en cuanto a que Dios es Uno. Esto llevó a la articulación de lo que
hoy llamamos la doctrina de la divina Trinidad. Hoy en día, muchos cristianos,
cuando usan la expresión “Hijo de Dios” en realidad están hablando de “Dios
Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad”. Es importante recordar que la Biblia
no usa estas palabras exactamente en ese sentido. Esta manera de usarlas
refleja las maduras formulaciones teológicas de siglos posteriores. Sin
embargo, es igualmente importante recordar que la Biblia sí usa esta expresión
de maneras que conducen de forma inevitable a una comprensión de Dios como Uno
y Trino.
Aunque el Corán dice de Jesús que es la
Palabra de Dios, la mayoría de los musulmanes no entienden ese título de la
manera en que lo entiende la Biblia. Pero incluso en este punto, está claro que
el término bíblico “Hijo” no se está refiriendo a un engendramiento literal y
carnal. Está describiendo una relación espiritual eterna y exclusiva entre
Jesús y Dios. La objeción de los musulmanes aquí no es con respecto al término
“Hijo” en sí, sino con respecto a la idea de que Dios se manifestó en carne
humana, y que Jesucristo es esa manifestación.
En este tema, podemos tener una
conversación más constructiva si pensamos en la relación entre la Palabra de
Dios y el propio Ser de Dios. La tradición teológica islámica tiene una rica
herencia de vigorosos debates acerca de la relación entre la Palabra de Dios y
su Esencia. El Corán, al igual que la Biblia, enseña que todas las cosas fueron
creadas por la Palabra de Dios, cuando Dios les habló para decirles: “¡Sé!”
(por ejemplo, en el Sura 16:40). La comunidad mayoritaria suní llegó así a la
conclusión de que la Palabra de Dios en ella misma es eterna y no fue creada.
También llegaron a la conclusión de que la Palabra de Dios no es idéntica a la
Esencia de Dios, ni es algo distinto de Dios, sino que la Palabra de Dios
eterna, que no ha sido creada, subsiste en la Esencia de Dios. Algunos teólogos
suníes llegaron también a la conclusión de que, puesto que la Palabra de Dios
se manifiesta en el Santo Corán, la consecuencia es que el Corán es al mismo
tiempo la cualidad eterna y no creada del habla de Dios, y también la expresión
temporal de esa Palabra eterna.
Existen algunas diferencias importantes
entre esta doctrina y la comprensión mayoritaria de los cristianos en cuanto a
las dos naturalezas de Cristo: la divina (no creada) y la humana (creada), y en
cuanto a la relación de la Palabra divina, el Logos, con el Padre. No estoy
proponiendo que les restemos importancia a estas diferencias, ni que las
pasemos por alto. Pero hay suficientes similitudes para que esto pueda servir
como un puente para la comprensión, de manera que cuando los cristianos
expliquen lo que ellos creen, los musulmanes puedan comprender con precisión lo
que sus amigos cristianos han querido decir, tanto si están de acuerdo, como si
no lo están.
HEREJÍAS INVOLUNTARIAS
Lamentablemente, muchos cristianos se
hallan mal informados acerca de su propia fe. Cuando se la tratan de explicar a
un amigo musulmán, expresan sin quererlo puntos de vista que la Iglesia ha
entendido históricamente como heréticos.
Por ejemplo, el Corán afirma que Jesús
fue creado del polvo, como lo fue Adán (por ejemplo, el Sura 3:59). A modo de
respuesta, algunos cristianos afirman tenazmente que Jesús no es en ningún
sentido un ser humano creado. Sin embargo, la doctrina cristiana tradicional
sostiene que Jesús tiene dos naturalezas —la divina y la humana—, unidas en una
sola Persona. Su naturaleza divina (la Palabra o Verbo/Logos) no fue creada
(Juan 1:1). En cambio, su naturaleza humana es igual a la nuestra en todos sus
aspectos, menos en el pecado (Hebreos 2:17; 4:15), creada del polvo y temporal
igual que nosotros. La negación de la plena humanidad de Jesús recibe de manera
convencional el título de “la herejía docetista”.
Otros cristianos, cuando hablan con sus
amigos musulmanes, caen en lo que se conoce como “la herejía apolinariana”, la
creencia en que el alma de Jesús era divina, y sólo estaba revestida por un
cuerpo humano. El problema con esto es que si Jesús no tuvo un alma plenamente
humana, entonces no era igual a nosotros en todo sentido, ni tampoco pudo ser
tentado como nosotros, aunque no haya pecado.
También hay cristianos que, en un
intento por ser comprensivos con sus amigos musulmanes, insisten con tanta
fuerza en la separación entre lo humano y lo divino en Cristo, que describen a
Jesús simplemente como un ser humano en el cual habitaba Dios. A esto se le
suele llamar “la herejía nestoriana” (aunque el Nestorio de la historia
sostenía un punto de vista con otros matices).
Hablar con amigos musulmanes es algo
que muy probablemente pondrá a prueba lo bien que su congregación comprende su
propia fe acerca de la Persona de Cristo. Los cuatro errores más corrientes en
los cuales caen sin quererlo los cristianos laicos (y algunos pastores) son los
siguientes: 1) olvidar que Cristo en su naturaleza divina como Logos, es
plenamente Dios; 2) olvidar que en su plena naturaleza humana, Cristo es igual a
nosotros en cuanto a esencia; 3) olvidar que estas dos naturalezas se hallan
indisolublemente unidas en una sola Persona; y 4) olvidar que esa unión no hace
desaparecer la distinción entre sus dos naturalezas.
CONCLUSIÓN
En su responsabilidad de pastor, mientras
más usted prepare a su congregación para que comprenda una sana doctrina acerca
de la Persona de Cristo, más la habrá preparado para responder fielmente a las
preguntas que susciten sus amigos musulmanes. Y, al hacerlo, también los habrá
preparado a un nivel más profundo para la misma vida de fe, puesto que nuestra
salvación depende de la Persona de Cristo. Muchos pensadores cristianos han
señalado a lo largo de los siglos lo que sigue: “Si Cristo no fuera Dios, no
nos podría salvar, porque sólo Dios nos puede salvar. Pero si
Cristo no fuera humano, no nos podría salvar a nosotros, porque
sólo alguien que sea como nosotros en todo sentido, menos en el del pecado, nos
puede representar como nuestro Sumo sacerdote, ofreciéndose a sí mismo en
expiación por nuestros pecados”. La salvación de la raza humana depende del
hecho de que Jesucristo es plenamente divino, al mismo tiempo que plenamente
humano, y que estas dos naturalezas se hallan unidas, aunque distintas, en una
Persona: el Hijo de Dios.
JOSEPH CUMMING es ministro de las Asambleas de
Dios que vivió quince años en el norte de África. Ocupa el puesto de director
del programa de reconciliación en el Center for Faith and culture [Centro para
fe y cultura] de la Universidad de Yale.www.josephcumming.com
NOTAS
1.
Yale Center for Faith and Culture. http://yale.edu/faith/rc/rc-rp.htm.
Consultado el 25 de octubre de 2011.
PREGUNTAS PARA ESTUDIO:
1. ¿Cómo ve usted el contexto social en
el que musulmanes y cristianos hablan acerca de este tema?
2. ¿Qué creencias acerca de Jesús
tenemos en común los musulmanes y los cristianos?
3. ¿Qué significan las palabras “Hijo
de Dios” para los musulmanes, y cómo lo hace sentir el saberlo?
4. ¿Qué quiere decir la Biblia cuando
habla del “Hijo de Dios”?
5. ¿Cómo podría usted conversar sobre
estas cuestiones con un amigo musulmán?
No hay comentarios:
Publicar un comentario