Como ya hemos visto el término apóstolos también se usa en el N.T. para referirse a otras personas claramente diferenciadas de los doce y de Pablo. Estas personas que fueron enviadas por una iglesia local como misioneros, tal es el caso de Bernabé (Hechos. 14: 14) y de los "hermanos de Macedonia" que han sido enviados como apóstoles para realizar una misión práctica y financiera (2Corintios. 8: 23 cp. 2Corintios. 8: 16-24) Epafrodito fue enviado como apostolos de la iglesia filipense para atender las necesidades de Pablo durante su encarcelamiento en Roma (Filipenses. 2:25) lo cual era una tarea más de servicio práctico y no de carácter religioso.
A la luz de esta evidencia podemos decir que en las iglesias paulinas estaba bien establecida la participación de apóstoles que no pertenecían al grupo de los doce y Pablo.
1Corintios. 15.5-9 nos da una pista de la concepción que Pablo tenía al respecto.
5y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún y otros ya han muerto. 7Después apareció a Jacobo y después a todos los apóstoles. 8Por último, como a un abortivo, se me apareció a mí.
9Yo soy el más pequeño de los apóstoles, y no soy digno de ser llamado
apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.[1]
Es muy significativa la estructura que emplea Pablo para hablar de la veracidad de la resurrección del Señor. Nótese que Pablo une a Cefas con los doce y a Santiago con "todos los apóstoles". Esta relación nos coloca ante la realidad de dos grandes grupos de apóstoles:
Los doce y Pablo. Estos eran apóstoles con autoridad normativa sobre las iglesias en tanto que impartían la palabra de Dios (el Evangelio y las revelaciones que Dios les dio a ellos). No obstante, esto no quiere decir que ellos ejercieron una autoridad jerárquica piramidal.
Jacobo y los otros apóstoles que funcionaron como ministros del evangelio y llevaron a cabo obras de ayuda práctica. Dicho sea de paso este era un grupo mayor y de seguro abierto.
Entre los apóstoles de este segundo grupo están Jacobo[2] el hermano del Señor (Gálatas. 1:19; 1Corintios. 15:7), los hermanos del Señor (1Corintios. 9: 5), Bernabé (Hechos. 14:4; 1Corintios.9:6), Silas y Timoteo (1Tesalonicenses. 2:6 y 1:1) , Junias y Andrónico (Ro. 16: 7) Además, sabemos que hubo hermanos que pueden ser dignamente llamados apóstoles y de quienes ni siquiera sabemos sus nombres (1Cor. 15:7)
Consideremos ahora el caso de los parientes de Pablo mencionados en Romanos. 16:7, es decir Junias y Andrónico:
"Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y compañeros
de prisiones. Ellos son muy estimados entre los apóstoles, y
además creyeron en Cristo antes que yo"
La expresión "muy estimados entre los apóstoles" no quiere decir que eran bien conocidos por los apóstoles sino que ellos eran "apóstoles", y desde luego no del grupo de los 12 pero sí del grupo mayor de "misioneros-maestros".
¿Junias o Junia? RV 60 y 95 usan la forma masculina Junias (de igual forma NVI y VP) pero BJ usa la forma femenina Junia. Lo que cambia en la escritura del nombre en el griego para diferenciar el género es el acento[3]. En los manuscritos más antiguos de Romanos aparece el nombre sin acento y los traductores han optado por acentuarlo, creando un nombre masculino hipotético, solo por el prejuicio, al parecer, de darle a una mujer el ministerio de apóstol[4]. Si bien es muy difícil determinar el género de este nombre[5]al momento no parece existir evidencia de la existencia del nombre Junias (que sería la contracción de Junianus)[6]. De modo que si la Biblia de Jerusalén (BJ) tiene razón y el nombre correcto es el femenino Junia, esta sería la esposa de Andrónico y ella era una apóstol reconocida y apreciada por sus demás colegas.
Como se puede ver existía un circulo de apóstoles (que podía incluir mujeres), cuyo número no puede ser precisado, y que servían como una especie de misioneros itinerantes. A la luz del testimonio histórico de los líderes de la iglesia del siglo II podemos decir que su oficio fue el de misioneros-maestros.
No se puede decir que este amplio círculo de apóstoles funcionara con la misma autoridad que los Doce y Pablo, ni que ellos fueran instrumento para transmitir más revelación a la iglesia universal. Nunca en la Escritura se habla de estos apóstoles como una autoridad superior sobre los otros ministerios. Más bien se les nombra en Efesios. 4:11 como parte del equipo ministerial que fue dado por Cristo como un don para la vida de la Iglesia.
Si vamos a ser consecuentes con la palabra de Dios y seguir el patrón bíblico del desarrollo de las iglesias debemos buscar por un modelo en el que participen en las iglesias locales los ministerios del pastor-maestro, el evangelista, del profeta y del apóstol. Ahora bien ¿cómo conciliamos esto con la clara enseñanza del N.T. de que cada congregación estaba atendida por un grupo de ancianos?[7]
Es posible que la solución se encuentre en el sencillo hecho de que los ancianos que gobernaban las congregaciones (1Timoteo. 5:17) ejercían los diferentes ministerios, conforme la gracia que el Señor le hubiera dado a cada uno. Este parece ser el caso de Hechos. 13 que nos reporta una reunión de ayuno y oración de un grupo de hermanos catalogados como "profetas y maestros", quienes reciben un orden del Espíritu Santo y como respuesta el grupo después de ayunar y orar "impuso las manos a dos de ellos" quienes salieron para la obra misionera.
Esta acción de imponer las manos puede asociarse con la función pastoral de nombrar a alguien para el ministerio (cf. 1Timoteo. 5:22; Hechos. 6:6) y que sería la responsabilidad del "presbiterio" o grupo de ancianos de la iglesia local (cf. 1Timoteo 4:14; 2Timoteo 1:6) A la luz de esta evidencia podemos sugerir que los distintos ministerios eran ejercidos por los ancianos de las iglesias.
En este punto es necesario recordar que no disponemos de toda la información que deseáramos para reconstruir en todos sus detalles la organización de la iglesia del primer siglo. Por eso existen ciertas lagunas que no podemos llenar y solo podemos atrevernos a proponer ciertas inferencias basándose en lo que sí sabemos con más certeza. Por esto de acuerdo al testimonio de Efesios 4:11 es correcto afirmar que la iglesia de todos los tiempos requiere de la operación combinada de los ministerios mencionados por Pablo, sin embargo el mismo apóstol escribió otras listas de dones y ministerios que también deben manifestarse en el desarrollo normal de una congregación.
En el caso concreto del ministerio apostólico podemos sostener su vigencia, pero, como ya se menciono, requiere de una clara definición de su papel y alcance de su ministerio. En el pasado la iglesia de evangélica desarrolló un modelo misionero que en mucho recuerda las grandes transnacionales. Quizá es hora de cambiar la mentalidad y el estilo de hacer la obra. Es claro que los modelos denominacionales están obsoletos y muchos pastores sufren la soledad y la falta de pastoreo. Tal vez necesitemos un modelo como las llamadas "redes de ministerios" que provean cuidado y estimulo ministerial para los pastores. Creo que esto está pasando y muchas cosas van a cambiar en lo porvenir, sin embargo lo que no es bíblico es tomar uno de los ministerios de Efesios 4:11, magnificarlo y atribuirle características y prerrogativas que nunca tuvo.
De esto vamos a hablar cuando mencionemos el surgimiento del interés por el ministerio apostólico contemporáneo, pero antes vamos a mencionar un aspecto que es relevante para nuestra comprensión de este fenómeno. Me refiero a lo que se conoce en la historia de la iglesia como la sucesión apostólica.
La sucesión apostólica
En el siglo II la iglesia cristiana enfrentó la amenaza del gnosticismo que decía poseer un conocimiento especial que les había sido transmitido como una tradición secreta entregada por los mismos apóstoles. Para contrarrestar esta herejía, a partir de la segunda parte del siglo II (ca. 170-200 d.c.) la iglesia recurrió a la estrategia de señalar a cada obispo como el verdadero sucesor del apóstol que fundó la iglesia sede. De esta forma se establecía un vínculo directo entre el obispo y la verdadera enseñanza de los apóstoles autorizados.
Ya desde los días de Ignacio (ca. 117 d.c.) se comienza a ver a los obispos como sustitutos de los Apóstoles (cf. Ig. Tral. 3:3; 2:2; Smyr 8:1. Clemente de Roma dice algo parecido 1Clemente 44:1). Con el tiempo surge la figura del obispo como un guardián de la enseñanza y de los escritos de los apóstoles.
Uno de los más fervientes defensores de la teoría de la sucesión apostólica fue Ireneo, oriundo de Siria y que llegó a ser obispo de la ciudad de Lyón en las Galias[8]. En su juventud conoció a Policarpo, obispo de Esmirna quien a su vez había sido discípulo de Juan. Dada la formación espiritual que recibió y los contactos que tuvo con gente que conoció a los Apóstoles, es fácil entender cómo, en una época en la que los últimos contactos con los apóstoles estaban muriendo o ya habían muerto, Ireneo viera en la sucesión apostólica un fuerte elemento de identidad y de pureza doctrinal. De hecho el obispo de Lyón escribió un fuerte y sólido tratado contra las herejías (ca. 180 d.c.)
Con el apoyo de hombres como Eusebio de Cesarea (siglo IV) y antes que él Cipriano de Cartago (248-258 d.c.) se fue fortaleciendo la tendencia de ver a los obispos como las autoridades de la iglesia y como los depositarios de la verdad que Cristo comunicó a sus apóstoles.
Es una lástima que los líderes de la iglesia del siglo II y III no buscaran en la Escritura el fundamento para su identidad y para la protección de la fe. Sin duda los primeros obispos que se acogieron a la Sucesión eran hombres muy piadosos y dignos. Sin embargo a lo largo del proceso histórico otros llegaron como ovejas cuando en realidad eran lobos rapaces.
La sucesión apostólica es una especie de énfasis en el ministerio apostólico de los obispos. Los adherentes de esta teoría no han logrado explicar hasta la fecha cómo es posible que una doctrina tan importante -en su opinión- no se encuentre presente en la literatura cristiana de los primeros dos siglos.[9]
El enfatizar el ministerio apostólico sin clarificar el concepto del mismo ni definir los límites bíblicos de su ejercicio puede conducir a la iglesia evangélica a desarrollar una nueva sucesión apostólica originada no en Los Doce, sino en una experiencia carismática o en el éxito extraordinario de algún pastor. Esto nos puede hacer llegar a tener una jerarquía evangélica tan rígida como la que ha tenido la iglesia católica por más de dieciséis siglos.
El reciente surgimiento del interés por el ministerio apostólico
A principios de la década de los 90's muchos de los líderes cristianos que se movían en el ministerio profético comenzaron a "ordenar hombres y mujeres de entre sus propias filas para dedicarlos al ministerio apostólico"[10] que de acuerdo a sus defensores, los apóstoles de hoy son llamados por Dios a dirigir las iglesias urbanas.
Incluso se habla hoy de una nueva reforma, de la llamada "reforma apostólica"[11]que pretende renovar el gobierno de la iglesia cristiana.[12] Promover este proceso parece ser el propósito de la Coalición Internacional de Apóstoles presidida por Peter Wagner y con la participación de John Kelly como apóstol administrativo. Junto a ellos Chuck Pierce funciona como profeta.
De acuerdo a los que están al frente de este movimiento apostólico la iglesia debe derribar todas las paredes denominacionales, de modo que todas las iglesias locales queden sujetas a la autoridad espiritual de un grupo de hombres y mujeres reconocidos como apóstoles y profetas.[13]
Dentro de este movimiento se habla de apóstoles verticales que son los líderes de las redes apostólicas y de apóstoles horizontales que han recibido la gracia de Dios para dar liderazgo apostólico y dirección en distintas esferas de la vida de la iglesia universal.[14]
Uno de los líderes principales del movimiento apostólico internacional es Peter Wagner. Este autor publicó en 1998 el libro The New Apostolic Churches [15]en el que se refiere a la "Nueva Reforma Apostólica" y en el que habla de "la nueva estructura de autoridad", "un nuevo enfoque ministerial", "un nuevo estilo de adoración", "nuevas formas de oración" entre otras cosas nuevas que se relacionan con esta reforma[16]en la que nuevos apóstoles y profetas ocupan un lugar central.
Este énfasis en el surgimiento de un nuevo apostolado tiene relación con otros movimientos que hablan de la "restauración" y la manifestación de los "hijos de Dios como la compañía del Hijo Varón". Movimientos como "Kingdom Now" (Reino Ahora) y de la "Lluvia Tardía" son parte del fenómeno que sirve de ambiente al ministerio apostólico contemporáneo[17].
Lo que todos estos movimientos parecen tener en común es una perspectiva de reforma que no lucha contra la apostasía ni contra la corrupción de la iglesia, más bien parece luchar contra la irrelevancia[18] y por tanto contra el anonimato. Este aspecto merece ser considerado con más amplitud dada las manifestaciones que se están presentando en la iglesia evangélica de muchos países lo que pareciera indicar un deseo de poder y gloria por parte de algunos ministros. Queda mucho que investigar al respecto y los limites de esta ponencia no nos permiten abordar esta temática.
Antes de terminar esta parte del tema se quiere reflexionar brevemente en lo que nos presenta Apocalipsis 11. Todos conocemos lo que dice esta escritura. Se trata de la visión de los dos testigos.
No se trata de explicar cómo funciona esta visión en el conjunto del libro. Lo que sí quiero hacer es llamar su atención al mensaje de la visión en sí.
Juan nos presenta la aparición de "dos testigos" que tienen poder sobrenatural, hoy diríamos "una unción casi ilimitada". De hecho, nadie los puede matar antes de que cumplan su misión. Sin embargo, en la cúspide de su ministerio ambos mueren a manos de la bestia. Aquí estamos frente a una paradoja, ya que por un lado tenemos poder y por la otra debilidad y muerte.
Es preocupante que el énfasis del poder espiritual no sea otra cosa sino una sed de poder y reconocimiento personal. Es cierto que el poder de Dios opera en el mundo produciendo maravillas y milagros en la actualidad. Pero también debemos estar persuadidos que el Señor ha otorgado este poder a la iglesia para que esta sea más efectiva en su testimonio a las naciones (Hechos. 1:8)
En este sentido, es preocupante que se le esté ofreciendo a la iglesia un concepto de apóstol que no representa la idea bíblica y que más nos recuerda una superestrella. Con cuanta preocupación se escucha que algunas de estas figuras internacionales llegan incluso a decir que ya no es tan necesaria la Escritura.[19] Si este es el caso ¿qué control tendrían estos ministerios?
Recalcamos el hecho de que es necesario realizar más investigación en torno a la Nueva Reforma Apostólica para determinar las realidades y alcances de esta propuesta eclesiástica.
Conclusiones:
A todas luces la iglesia cristiana universal se desarrolló contando con la participación de un ministerio apostólico dirigido a llevar la palabra de Dios a lugares que no se habían alcanzado con el evangelio.
Si queremos ajustar nuestra práctica de organización eclesiástica a lo presentado por el N.T. es necesario determinar el conjunto de elementos relacionados con el funcionamiento de ministerios y oficios entendiendo la especificidad de las distintas zonas donde se desarrolló la iglesia y lo limitado de nuestro conocimiento histórico de las formas primitivas de dicha organización. Esto es especialmente significativo a la hora de pensar en el funcionamiento del ministerio apostólico en la actualidad.
Lo que más sabemos en cuanto a la organización de la iglesia primitiva y el funcionamiento de los ministerios está relacionado con las iglesias desarrolladas por el ministerio de Pablo y sus colaboradores. De alguna forma podemos asumir cierto grado de homogeneidad, dada la conciencia de pertenencia a la iglesia universal por parte de las diferentes comunidades de fe esparcidas por el imperio. En este sentido el rol que desempeñaron los doce apóstoles y Pablo fue crucial para el surgimiento de la iglesia. Así mismo la participación de los apóstoles del círculo mayor (maestros-misioneros) fue fundamental ya que ellos llevaron el testimonio de la resurrección de Cristo hasta los lugares más remotos del imperio. Desde luego ellos no fueron los únicos ya que lo más probable fue que el evangelio se propagó también por medio de los vínculos familiares. En este proceso evangelistico los actores fueron personas cuyos nombres ni conocemos, pero que de seguro hicieron muy bien su tarea.
No se puede probar desde la Escritura que el ministerio apostólico quedó confinado a los límites temporales del siglo I. Es cierta la existencia de apóstoles en la iglesia de hoy. Sin embargo apóstoles al nivel de los doce y Pablo ya no existen. Por esto es necesario revisar la definición bíblica el apostolado. Hoy el término apóstol se refiere a personas con una carga por llevar adelante la obra misionera y que están abriendo nuevas obras. Sin duda se trata de misioneros y maestros que establecen nuevas congregaciones y las instruyen en la doctrina de los Doce y Pablo.
Si un pastor establece varias iglesias a partir de su iglesia local, se dice que esta es la iglesia madre (está bien el concepto) y que las iglesias hijas están bajo la cobertura apostólica del pastor general de la iglesia madre. No me parece que esto sea lo que dice la Biblia. De hecho la paternidad espiritual no constituye a alguien apóstol. No tenemos evidencia de que Felipe fuera incluido dentro del grupo de apóstoles por guiar a los pies de Cristo al etíope. Se requieren de otros elementos para identificar a alguien como apóstol.
Bíblicamente hablando uno no llega a ser apóstol porque pastores de otras iglesias busquen relación y cobertura espiritual con uno. Se es apóstol si se fundan iglesias donde no hay iglesias o en áreas donde haya muchas personas sin alcanzar.
Finalmente no hay ni la más mínima insinuación de que los apóstoles del grupo más amplio ejercieran una autoridad directa sobre los otros ministerios en las iglesias. De ahí que un sobre énfasis en la autoridad jerárquica del apóstol nos puede conducir a una versión evangélica de la teoría de la sucesión apostólica. Y ¿a qué nos llevaría esto?
[1]Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
[2] Sin duda Jacobo el hermano de Cristo por parte de María ocupó un sitio de mucho honor en la iglesia primitiva, después que Jesús resucitó se le apareció en forma especia (1Corintios 15:7a) y llegó a ser considerado una columna de la iglesia (Ga. 2: 9) Sabemos que presidió el concilio de Jerusalén (Hch. 15) y que escribió la carta que lleva su nombre latinizado: Santiago.
[3] El texto griego nos da el nombre en caso acusativo Junian
[4] Cf. C.E.B. Crandfield, La Epístola a los Romanos. Buenos Aires y Grand Rapids: Nueva Creación y Eerdmans, 1993, p. 354.
[5] Cf. F.F. Bruce, Romans Tyndale New Testament commentaries. Grand Rapids: Eerdmans, 1983
[6] Cf. Cranfield, Op. Cit.
[7] Los ancianos eran la figura de autoridad pastoral de la iglesia del primer siglo, esto lo vemos en Hechos. 14:23; 15:2,23; Tito. 1:3; 1Timoteo. 5: 17-18; Hechos. 20:17,28; 1Pedro. 5:1-4.
[8] Kenneth Scott Latourette, Historia del Cristianismo Tomo II. El Paso: CBP 1988, p.176
[9] Cf. R.E. Higginson, Apostolic Succession en EDT, p.73
[10] Cf.The Apostolic Movement en http://www.discernment.org/Charismania/DefinitionApost.htm
[11] Cf. Juan Carlos Sánchez, "El movimiento apostólico: un análisis bíblico e histórico" en Alianza, año III. Número 29,enero 2004, p.4
[12] Esto se desprende de una entrevista dada por Peter Wagner en: Generals of Intercesión, 2003 © Generals.org
[13] Cf. The Apostolic Movement, Op. cit.
[14] Cf. Entrevista con Peter Wagner, Op. cit.
[15] Cf. Peter Wagner,The New Apostolic Churches. Ventura: Regal, 1998
[16] Citado por Orrel Steinkamp, D. Min The New Apostolic Reformation. www.aucsa.com/discernment/#9
[17] De hecho hasta la Nueva Reforma Apostólica tiene relación conceptual con la guerra espiritual. Cf. Teri Lee Earl, Brief Book Review of "The Last Apostles on Earth" by R. Sapp (
[18] Cf. Peter Wagner, Churchkuaque, citado por Don Follis 6/4/99 religion column: "Networking and risk-taking essential for the Church in the new millennium" 1999.
[19] Cf. G. Richard Fisher, The Higher life of Rick Joyner, en www.pfo.org/rjoyner.htm
Articulo de: Rev. Antonio Siles
Seminario ESEPA, Costa Rica
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